Tiroiditis de Hashimoto ¿qué implicancia tiene la microbiota intestinal?

La ruptura del equilibrio microbiano parece contribuir al desarrollo de la enfermedad cuando existe una predisposición genética. La disfunción sería consecuencia de los factores ambientales que modifican la composición de la microbiota intestinal, alterando la expresión de los genes.

La Tiroiditis de Hashimoto (TH) es una enfermedad autoinmune muy frecuente y poco diagnosticada. La etiología y la patogénesis no se han dilucidado aún. La evidencia emergente sugiere la participación de la microbiota intestinal (MI) sobre el sistema inmune y la respuesta inflamatoria.

Según recientes investigaciones, la ruptura del equilibrio microbiano parece contribuir a su desarrollo cuando existe una predisposición genética. Todo señala que la disfunción sería consecuencia de los factores ambientales que modifican la composición de la MI, alterando la expresión de los genes (epigenética).

Existe evidencia emergente sobre la influencia recíproca entre la MI y la homeostasis tiroidea, arrojando a la luz nuevos horizontes para la prevención y tratamiento de esta enfermedad autoinmune, la más prevalente en todo el mundo.

¿Qué función cumplen las hormonas tiroideas?

La glándula pituitaria da instrucciones a la glándula tiroides a través de la hormona estimulante (TSH) para sintetizar las hormonas tiroideas. La tiroxina (T4) y principalmente la triyodotironina (T3) tiene un profundo impacto en las mitocondrias, responsables de la mayor parte de la producción de energía celular. Participan en la regulación de la respiración, el metabolismo, el ritmo cardíaco, el sistema nervioso, la temperatura corporal, los niveles de colesterol, la fuerza muscular, el funcionamiento del sistema digestivo y el ciclo menstrual, entre otras funciones.

En la TH el sistema inmune genera anticuerpos contra la glándula, perdiendo esta su capacidad para producir suficientes hormonas y ocasionando, con el correr del tiempo, un hipotiroidismo manifiesto. Los síntomas y signos son fatiga, debilidad, estreñimiento, aumento de peso, intolerancia al frío, caída del cabello, piel seca, bradicardia, pérdida de memoria, disminución de la libido hasta problemas de fertilidad.
Entre los factores endógenos que predisponen, ciertamente están involucrados el sexo femenino, poseer otra patología autoinmune como la enfermedad celíaca y el polimorfismo del gen del receptor de vitamina D. Estudios científicos han determinado que más del 90% de los pacientes con TH tenían deficiencia de vitamina D (menor a 30 ng/dl).

En efecto la combinación de factores ambientales y genéticos provoca la pérdida de tolerancia hacia los autoantígenos y determina la activación de los linfocitos T. El desequilibrio entre las células efectoras antiinflamatorias y proinflamatorias a favor de estas últimas, da como resultado el ataque directo de los linfocitos T a las células tiroideas. Produciéndose la inflamación de la glándula con la exposición de antígenos normalmente ocultos frente a los cuales se producen autoanticuerpos específicos.

¿Qué función cumple la microbiota intestinal?

La MI interviene en la absorción y utilización de los minerales imprescindibles para la función tiroidea: el yodo, el selenio, el zinc y el hierro son los más importantes. Una MI equilibrada mantiene una mucosa óptimamente saludable para su absorción, mejorando su biodisponibilidad.

Los estudios demuestran condiciones de sobrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SIBO) de pacientes con hipotiroidismo. El intestino delgado es una zona reservada para la digestión y absorción, siendo no adecuada una presencia aumentada de bacterias. La absorción se ve perturbada por la generación de toxinas inflamatorias además de la competencia bacteriana por los nutrientes.

La T3 posee función neuromotora y secretora. En consecuencia, la reducción del ácido clorhídrico, sales biliares y el estreñimiento presente en el hipotiroidismo aumentan los factores de riesgo para SIBO, agravándose este desequilibrio. Aún se desconoce qué es causa y consecuencia.

Dos artículos recientes evaluaron la composición de la MI en muestras fecales de pacientes con TH, ambos estudios coincidieron en identificar una clara reducción en la concentración de Prevotella_9 independientemente del estado funcional de la tiroides.

Cabe señalar que se sabe que Prevotella_9 mejora las actividades antiinflamatorias al reducir la polarización de Th17 y promover la diferenciación de las células T reguladoras a nivel intestinal. Su reducción puede conducir a la desprotección de la barrera intestinal y resultar, en consecuencia, en la activación de una respuesta inflamatoria.

Pues así, algunos autores han propuesto que los desequilibrios en la MI llevan a la disrupción de la barrera epitelial, exponiendo a las células inmunes de la submucosa a los antígenos bacterianos, dietéticos y autoantígenos, promoviendo la autoinmunidad.

En los pacientes con TH se ha observado mediante microscopía electrónica de transmisión una reducción en el grosor de las microvellosidades y un mayor espacio entre las uniones estrechas. La permeabilidad intestinal se evaluó mediante la prueba de lactulosa/manitol confirmándose una condición de intestino hiperpermeable en comparación con los controles.

Existen algunas teorías acerca de mecanismos de mimetismo molecular que proporcionan una explicación razonable frente a la aparición de células autorreactivas hacia la tiroides como resultado de una respuesta inmune cruzada a antígenos microbianos homólogos.

Por otra parte, la MI podría influir en la reabsorción de las hormonas tiroideas mediante el reciclaje y metabolismo enterohepático. De hecho, en el contenido fecal humano se han detectado actividades tanto de la betaglucuronidasa como de la sulfatasa, que posiblemente conducen a la desconjugación y reabsorción de estas hormonas a nivel del intestino delgado.

Un interesante estudio publicado en 2014 examinó el efecto beneficioso de una cepa de Lactobacillus reuteri sobre la homeostasis de la glándula tiroides en ratones. De hecho, los ratones suplementados mostraron un epitelio folicular mayor en comparación con el grupo control. Desde un punto de vista funcional, mostraron niveles más altos de T4 en consonancia con un comportamiento más activo y una forma más delgada. Curiosamente, los efectos beneficiosos estuvieron mediados por la acción de Lactobacillus reuteri sobre la producción de interleucina-10 y la consecuente mejora de las células T reguladoras.

Reflexiones

Aún falta dilucidar más en detalle el papel de la MI en la regulación de los mecanismos inmunes que permitan mantener el equilibrio de las funciones tiroideas. Pocos estudios en humanos han abordado el vínculo directo entre la MI y la TH, proporcionado evidencia débil.

El dato sobre la composición de la MI podría ser de utilidad para la prevención y el tratamiento de la TH a futuro. Sin embargo, no debe olvidarse de otros factores confusionales como el estrés crónico, la alteración de los ritmos circadianos, la exposición a metales pesados y patologías crónicas dentro de la patogénesis.

Las nuevas pruebas apoyan la hipótesis de los desequilibrios microbianos como primer escalón en el desarrollo de las alteraciones de la barrera intestinal y de la función del sistema inmune. Los ensayos clínicos que utilizan los probióticos, prebióticos, sinbióticos, postbióticos y trasplante de materia fecal están en proceso para determinar la eficacia de la terapéutica microbiana para el tratamiento de estas patologías.

Se necesitan más estudios de mayores tamaños muestrales, diseños multicéntricos y el uso de técnicas de investigación innovadoras como la metagenómica y metabolómica para explorar los posibles vínculos dentro del eje Intestino-Microbiota-Tiroides.

Arrojar luz sobre la caracterización funcional de la MI en estos pacientes podría ayudar a comprender un mecanismo más general que puede ser compartido por varios trastornos autoinmunes.


Bibliografía
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