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Ingeniería Biomédica en Uruguay, un campo en pleno auge

Por Pablo Piñeyro Giménez

Desde hace 34 años el profesor Franco Simini se dedica a la investigación en Ingeniería en Medicina, Ingeniería Biomédica e Informática Médica, más precisamente al desarrollo y expansión de la Ingeniería Biomédica dentro de la Universidad de la República. Es docente grado 5 del Instituto de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ingeniería y presidente del comité organizador del congreso SABI 2020.

Simini es también coordinador de proyectos y colaborador en instituciones internacionales, además de autor de varias publicaciones.

¿Qué repaso hace de su destacada y extensa carrera laboral?

En 1985 ingresé a la Universidad de la República y actualmente tengo una dedicación creciente y total. El objetivo de este trabajo académico es llenar un hueco, una necesidad de la medicina que es la interfase, la cooperación y el trabajo en conjunto con la tecnología.

Más allá de los aportes de colegas como Félix Azar, Ruben Budelli y Juan Grompone, más otros que me precedieron, se puede observar una preocupación de la Universidad de la República por aportar tecnología autóctona, original y eficiente a la medicina.

El Hospital Universitario, donde estamos ubicados, es fuente de inspiración, de prueba y de difusión de tecnologías concebidas en forma interdisciplinaria. Este grupo tiene médicos del deporte, fisioterapeutas, médicos generales, cirujanos, ingenieros mecánicos, técnicos en computación y electrónicos. La lista es larga. Todos ellos están abocados al estudio, a la definición de proyectos originales y luego a su ejecución y prueba. El núcleo de Ingeniería Biomédica detecta necesidades nuevas de la medicina, las estudia, propone cosas nuevas, diseña, prueba, publica y patenta.

¿Cuál es la situación de la Ingeniería Biomédica en Uruguay actualmente?

Hay personas que afirman que está creciendo en este momento. Yo diría que en Uruguay va un poco más allá, está explotando. El gasto que hace la sociedad uruguaya en salud ronda el 10% del Producto Bruto Interno (PBI) del país. Está al mismo nivel que los países más ricos, sin llegar al 17% de Estados Unidos pero muy cerca del 11% o 12% de la mayoría de los países europeos. Eso indica la importancia enorme que le da la sociedad uruguaya a la salud.

El Sistema Nacional Integrado de Salud dio un fuerte espaldarazo a la inversión de equipos de Ingeniería Biomédica y a una medicina de calidad. La medicina ve una necesidad de inversión y esto hace que desde las empresas se esté solicitando a la academia, en forma creciente, la sugerencia de colaboradores para trabajar en la industria, Eso significa que hay clientes detrás y que se está moviendo la instalación de equipos cada vez más complejos, el mantenimiento, la documentación, la gestión y el aumento de la seguridad desde el punto de vista eléctrico e informático.

En la actualidad hay una gran cooperación de la Ingeniería Biomédica y de la Informática Médica a través de una política de Estado aplicada en la plataforma salud.uy, que es un entorno muy potente y envidiado en el mundo, que interconecta a los efectores de salud del país, ya sea público o privados, de corporación policial, militar, Banco de Seguros, todos los que están trabajando en la salud, que están representados en esa mesa.

¿Cuáles fueron los principales logros y obstáculos para la Ingeniería Biomédica en el país durante los últimos cinco años?  

Los posgrados, las maestrías y los doctorados de estudiantes que han finalizado un trabajo de Ingeniería Biomédica accediendo a un nivel claramente superior en la Universidad de la República. Esto indica que ya hay personal superior que es capaz de formar no solo a docentes sino a nuevos posgrados.

El segundo punto es la apertura de una licenciatura en Ingeniería Biológica en Paysandú, con la radicación de docentes de alto nivel en ese departamento. La Universidad de la República participó activamente colaborando con la UTEC en la creación de una carrera de tecnólogo en Ingeniería Biomédica en Fray Bentos (Río Negro).

También la generación de publicaciones en este ámbito y la quinta edición, que comenzará en marzo de 2020, de un curso de biomecánica internacional de muy alto nivel, el cual se presenta todos los años con docentes invitados en el Hospital de Clínicas. Además, este año se brindó un curso sobre ventilación mecánica en Facultad de Ingeniería, a cargo de un docente canadiense.

En resumen, hay mucha más oferta educativa y existe una presencia industrial y comercial creciente. En el debe está en el tamaño pequeño del país, que ha limitado el establecimiento de carreras en Ingeniería Biomédica. Sin embargo, el tamaño reducido puede ser visto como una ventaja de agilidad y de eficiencia. Quien apuesta hoy a formarse en Ingeniería Biomédica en la Universidad de la República debe inscribirse en un curso de Ingeniería Eléctrica o Ingeniería en Computación, y dentro de esas ramas generales hacer una tesis en Ingeniería Biomédica con cuatro o cinco cursos específicos de los 30 que exige la carrera.

Luego del congreso SABI2020 que se realizará en Piriápolis, podríamos estar en condiciones de proponer y abrir una carrera de Ingeniería Biomédica e Informática Médica.

¿Qué puede decir sobre la relación entre la cantidad de estudiantes que se interesan por estudiar Ingeniería Biomédica y la oferta del mercado laboral?

Si bien no hay masa crítica porque aún somos pocos, la cantidad de estudiantes que se dedica a seguir la carrera y materias de Ingeniería Biomédica está creciendo. Cada vez que un empresario o un industrial me pide recomendaciones para entrevistar a un estudiante avanzado o un ingeniero recién recibido, siempre me faltan nombres. Es un mercado que necesitaría muchos más profesionales recibidos y egresados de los que existen.

¿Hoy se está en el momento más fértil?

Para la absorción del mercado sí. Inclusive la Facultad de Ingeniería da un número bastante elevado de revalidas, algunas de las cuales son de Ingeniería Biomédica de otros países latinoamericanos y me consta, porque los conozco, que hay varios colegas que llegaron con su titulo desde otros países de América Latina y están trabajando en empresas uruguayas.

¿La inserción laboral es más sencilla y rápida en el sector privado? 

Sin duda. Hablo de empresas que están buscando mano de obra calificada. Ingenieros que los están empleando. Pero ese es un fenómeno distinto al de la academia. En la academia, ya sea privada o estatal como la Universidad de la República, tenemos estudiantes de posgrado de otros países de América Latina. Lo que atrae en este momento de Uruguay no es solamente una cuestión de bienestar general y de estabilidad social con un nivel de vida envidiable, hay estudiantes de posgrado que desean y llegan al país a hacer su posgrado en Ingeniería Biomédica.

¿Cómo fue la evolución de los cursos que imparte la Universidad en los últimos años?

La casa de estudios brinda cursos, hace investigación y hace extensión. Los cursos universitarios, por definición, son el resultado o están muy vinculados a la investigación. Así que en los últimos 30 o 40 años de trabajo, nunca uno de nuestros cursos fue igual al del año anterior. Estamos permanentemente compartiendo con los estudiantes los resultados de las investigaciones y nuestro trabajo con los médicos, y a medida de que se van incorporando temas nuevos hay otros que pierden vigencia. Esto es típico de cualquier universidad que se precie de tal. Pero la Universidad de la República, y el régimen de dedicación total, nos obliga a una renovación constante para preparar al estudiante y que se reciba con todo los conocimientos que estén al día.

¿Cómo considera que los demás países latinoamericanos evalúan la Ingeniería Biomédica de Uruguay?

Nos ven como un país pequeño y digno de mención. El hecho de tener un grupo de Ingeniería Biomédica en el Hospital Universitario es muy llamativo. Tengo el ejemplo de dos universidades extranjeras que nos están imitando porque se dieron cuenta de la riqueza del trabajo interdisciplinario. El trabajo del Dr. Caldeyro Barcia es un ejemplo que aportó a la medicina y a la fisiología, con elementos novedosos a nivel mundial. Ese es uno de esos ejemplos que hace que Uruguay esté en la mira del mundo.

Uruguay fue uno de los primeros países que abrió y divulgó por iniciativa de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y del Gobierno en su momento, el acceso a las revistas de investigación gratis para los actores públicos y privados, y luego a toda la población. También se puede destacar la iniciativa del Plan Ceibal, y por otro lado el Sistema Nacional Integrado de Salud, con su mezcla de lo público y privado. Y ahora, dentro de la Ingeniería Médica estamos recibiendo el reconocimiento por la organización del congreso SABI 2020.

¿Cómo nace la posibilidad de organizar y realizar el Congreso SABI 2020 en Uruguay?

Todo surge en el congreso efectuado en Córdoba en octubre de 2017. Esta será la 22ª edición del Congreso de Bioingeniería y la 11ª Jornada de Ingeniería Clínica de la Sociedad Argentina de Bioingeniería (SABI). Llevamos más de dos años trabajando para que se pueda hacer este congreso. El primer año fue el más crítico porque hubo que encontrar apoyos de los expertos académicos internacionales que van a venir -uno de ellos para mí es casi un Premio Nobel-. Todas cosas nuevas que sirvieron como llamador y punto de atracción para los profesionales, las empresas y los estudiantes que después se inscribieron.

Lo organiza la Universidad de la República, a través del Núcleo de Ingeniería Biomédica de las Facultades de Medicina e Ingeniería. Es la primera vez que se realizará fuera de Argentina. La fundamentación de ese congreso son los aportes sobresalientes que tenemos como invitados. Ahora lo que resta en estos 100 días previos al congreso es recibir a la gente que se quiera inscribir. Hay un gran entusiasmo por inscribirse. Ya tenemos casi 600 inscriptos y pensamos que llegaremos a las 1.000 personas.

¿Participarán solo empresas nacionales o también extranjeras?

Tenemos empresas de México, Brasil, Argentina y Uruguay. Pero en muchos casos son empresas de alcance mundial, empresas con filiales en el país y en muchos lugares del mundo. También habrá profesionales de Paraguay, Bolivia, Colombia, Estados Unidos, Canadá, Italia, España y Portugal. La actividad se desarrollará del 4 al 6 de marzo en el Argentino Hotel de Piriápolis en Maldonado.

Será un momento de compartir experiencias, resultados y proyectos en Ingeniería Biomédica, sin dejar de lado la parte social. Las tres jornadas comenzarán a las 9:00 horas y se extenderán hasta las 18:00 horas.

¿Cuáles son los principales objetivos para este evento?

Uno es la transferencia tecnológica, que exista un fuerte vínculo entre la academia y la industria. Otro es favorecer a los estudiantes. Decidimos una política de inscripción de estudiantes que es accesible para que vengan muchos, puesto que son el futuro. Tenemos que trabajar en ese sentido porque sabemos que los estudiantes de pre-grado y algunos de post-grado son los que van a construir la Ingeniería Biomédica dentro de 20, 30 o 40 años. Espero que algún día recuerden a SABI 2020 como un pequeño aliciente, apoyo y experiencia para esto.

¿Qué otros proyectos e investigaciones hay en agenda para el 2020?

Uno de los sub-productos que va a dejar el congreso para trabajar luego es el afianzamiento de cooperación con algunos grupos fuertes del mundo, grupos italianos, portugueses y canadienses. Tendremos una ministra eslovena de Desarrollo de Transporte, que es ingeniera informática. Eslovenia es un país con el que queremos tener más intercambio, porque es similar a Uruguay en la relación a un bloque mayor como lo son Europa y el Mercosur, y además por el cargo que ocupa en su país, ya que tiene mucha visión de transferencia tecnológica, de organización de grupos de trabajo y de motivación.

Por otro lado, existen dos proyectos con las empresas que son nuestros sponsors. Uno tiene que ver con el manejo de los datos de la historia clínica, que si bien debe ser respetada la privacidad de cada usuario, representan un bien público riquísimo sobre el que hay que trabajar mucho. El segundo sub-producto es el de lograr incorporar en Uruguay nuevos sistemas de imagenología de poca radiación, gran eficiencia y gran precisión diagnóstica. No existe actualmente en Argentina ni en ningún país de América Latina, y a través de este congreso vamos a intentar lograr apoyos importantes para que ese sistema esté en Uruguay.

Mucho de lo que tienen por delante para el próximo año depende del congreso.

Exactamente. Fueron dos años y medio de preparación y trabajo, y por lo menos otro tanto de ejecución y puesta en práctica, de sinergia con las empresas, de comunicación con los estudiantes, de publicación de papers (unos 240 trabajos). Todavía hay un margen de aquí a fin de año para presentar trabajos para dar a conocer novedades significativas. La posibilidad de tener una carrera está a la vuelta de la esquina. La anunciaremos en el congreso y seguramente en los primeros meses del año siguiente va a ser una realidad. Es una de las tantas cosas que van a suceder como consecuencia de este evento. Otra será el afianzamiento de la Sociedad Uruguaya de Ingeniería Biomédica, y un punto importante será afianzar la existencia de más estudiantes de posgrado en los distintos grupos de investigación en el país.

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