Consumo de alcohol y marihuana e insuficiencia en la respuesta sexual

Lic. Gustavo Vignali

Sexólogo Clínico. Piscoterapeuta.
Vicepresidente Sociedad Uruguaya de Sexología.
gustavovignali@gmail.com

Estudios científicos evidencian que el consumo de sustancias es enemigo del erotismo, sin embargo, entre los jóvenes, y no tan jóvenes, el alcohol y la marihuana se utilizan asociadas al encuentro sexual. Ambas sustancias están asociadas al síntoma disfuncional, muchas veces como causa principal, otras como elemento acompañante para aliviar la ansiedad que provoca el encuentro.

En el encuentro sexual, la vivencia de placer da cuenta del nivel de satisfacción. Bioquímicamente el placer sexual es la respuesta del sistema nervioso central, que puede ser provocada por un inductor externo (estimulación sensitiva: vista, oído, olfato, tacto y sabor) o interno (fantasías). Desde tiempos remotos se han buscado sustancias que incrementen el placer sexual, ya sean naturales (plantas, yuyos) hasta sustancias sintéticas (drogas).

Estudios científicos dan cuenta de que el consumo de sustancias es enemigo del erotismo. (Gonzalez-Marquetti, T.; Gálvez-Cabrera, E.; Álvarez Valdés, N.; Cobas-Ferrer, F. y Cabrera del Valle, N. 2005). No obstante, entre los jóvenes y no tan jóvenes, se encuentra el consumo de alcohol (Castaño, G., Arango, E., Rodriguez, A., Montoya C. 2012) y marihuana como sustancias asociadas al encuentro sexual.

En cuanto a disfunciones sexuales, es frecuente encontrar al consumo de alcohol y marihuana asociado al síntoma disfuncional. Muchas veces como causa principal, otras veces como elemento acompañante para aliviar la ansiedad que provoca el encuentro en un terreno de inseguridad de desempeño. El desconocimiento de las posibles consecuencias para la salud es un elemento que prima en los que utilizan las drogas para satisfacción sexual (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005). Se vuelve fundamental indagar sobre ello. No es tarea fácil ya que la aceptación social de muchos de ellos tiñe de normalidad el consumo y el paciente generalmente le resta importancia.

El alcohol actúa como un depresor del organismo en la persona que lo consume y dificulta el juego erótico. Además, su consumo puede aumentar las prácticas de riesgo que conducen a embarazos inesperados e infecciones de transmisión sexual.

Estudios demuestran que la población joven (varones y mujeres) consume alcohol por las ventajas que genera en relación con facilitar el encuentro sexual, involucrarse en experiencias más arriesgadas, aumentar la excitación y prolongar la relación sexual, mientras que el cannabis no gusta tanto ya que relaja (Calafat, A., Juan, M., Becoña, E., Mentecón, A. 2007).

El consumo de alcohol en dosis bajas genera un efecto tranquilizante menor, disminuyendo la ansiedad (Velasco Martín, A.; 2014) y ayudando a quien no puede lograrlo por sí mismo, a conseguir la relajación adecuada para mantener una respuesta sexual placentera. Efecto similar se consigue con la intoxicación por consumo de marihuana (Netzahuallcoyotzi-Piedra, C.; Muñoz-Arenas, G., Martínez-García, I., Florán-Garduño, B., Limón-Perez de León, D. 2009).

Otras investigaciones (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005) reportan que, si bien en dosis bajas generan la apariencia de un aumento del deseo y del placer, las mismas provocan fatiga, dificultad para concentrarse, insomnio, pérdida de memoria, dolores musculares, disminución de las defensas inmunológicas y falta de deseo sexual. “Las drogas no ayudan en las relaciones sexuales sino que ocasionan trastornos en general y problemas de disfunción que pueden ser permanentes” (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005).

                                                        

Sustancias y su repercusión en el organismo

El sistema nervioso es el que, a través de los neurotransmisores, envía mensajes para activar la respuesta sexual. Cuando el organismo recibe una sustancia externa (droga), ésta interfiere con los neurotransmisores, enviando mensajes que distorsionan y alteran la conducta sexual. Algunas sustancias generan efectos directamente sobre el cerebro, actuando sobre los centros reguladores de la sexualidad, mientras otras lo hacen sobre los centros periféricos que controlan la actividad de los órganos genitales (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005).

Frente a los estímulos eróticos, el organismo actúa a través de mecanismos polinérgicos del sistema nervioso, los cuales liberan un transmisor químico llamado acetilcolina. Las drogas anticolinérgicas que bloquean la acetilcolina pueden actuar afectando la respuesta sexual, sobre todo la fase de excitación (erección y lubricación) (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005).

El consumo habitual de cannabis produce efectos negativos en la fertilidad, tanto en hombres como en mujeres.

Por otro lado, cuando se recurre al uso de sustancias, se afecta la función sexual a través de los neurotransmisores serotonina (5HT2), noradrenalina (NA) y dopamina (DA), los que actúan modificando hormonas como la testosterona, estrógenos y progesterona, o por afectación directa de los factores implicados en la respuesta sexual humana. Romaguera, A., (2016).

 

¿Para qué se consume?

Baja autoestima, incapacidad de moderar la ansiedad, sentimientos de inadaptación, de inseguridad, incapacidad para “sentir” a causa de mantener una conducta hipervigilante, etc., son las causas por las que muchos que acuden al consumo de sustancias.

Al principio se puede conseguir el efecto deseado, aunque no es la mejor forma de resolver el problema, sino una forma de evitarlo que deriva en mayor malestar. Como hemos mencionado, si bien el efecto inmediato del consumo de sustancias puede reflejar desinhibición y aumento de sensaciones, no hay una sustancia que aumente el deseo sexual, ya que esto depende de la concentración de hormonas en el organismo como la progesterona, la testosterona y la feromona, y con su uso continuo los efectos son muy negativos, pues producen disfunciones sexuales tanto en el hombre como en la mujer (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005).

Consecuencias inmediatas

Aumenta la probabilidad de conductas de riesgo sexual como infecciones de transmisión sexual y embarazos no deseados, ya que el consumo de estas sustancias actúa inhibiendo la capacidad de toma de decisiones. Por otro lado, también generan disfunciones sexuales como inhibición de la excitación psicológica y física (erección y lubricación vaginal) y anorgasmia (Romaguera, A., 2016).

Consecuencias a largo plazo

Consumir marihuana o alcohol de forma persistente actúa disminuyendo el deseo sexual. En mujeres se constata una disminución de la lubricación vaginal pudiendo ocasionar dispareunia (coito doloroso). La mayoría de los autores coinciden en que se inhibe la producción de hormonas sexuales: en el hombre disminuye la producción de espermatozoides, así como un mayor número de espermatozoides anómalos, mientras que en la mujer suprime la ovulación y facilita irregularidad en el ciclo menstrual (Gonzalez-Marquetti, T. et al., 2005).